El síndrome del retrovisor
Anteayer murió Ferenc Puskas, el mejor goleador del siglo XX. En el campo y en la vida, Puskas siempre apuntó hacia delante. En Noviembre de 1956, la conocida como “revolución húngara” fue aplastada por los tanques rusos; enterrando los sueños de libertad "magiares". Puskas que por entonces se encontraba jugando con su equipo, el glorioso Honved, una eliminatoria europea en Bilbao, España; decidió no volver a Budapest porque se negaba a anclarse en el pasado.
Hace unos días, Nicaragua eligió nuevo presidente y el ganador fue: Daniel Ortega. El mismo que ya había pasado, toda la década de los 80, presidiendo el país, con más pena que gloria. Nicaragua, como otros países de América Latina también padece el síndrome del retrovisor, buscando en el recuerdo de la mediocridad. Hace unos meses, lo revivió Perú. Antes ya lo hicieron Venezuela, dos veces, y Bolivia también. Antaño fue Argentina, la Republica Dominicana y otras más. Ya sabemos las consecuencias: hartazgo y vuelta a los mesías. Ahora, estos sujetos son “bolivarianos”, “indigenistas” “castristas”, antes eran simplemente dictadores. Pero no importa quien vaya al mando, el destino de América Latina, de tanto mirar hacia atrás, sigue instalado en el furgón de cola, en el vagón del desaliento.
Ferenc Puskas marcó 357 goles en 354 partidos con el Honved. Con la selección húngara jugó 85 encuentros, goleando en 84 ocasiones. Después de que la FIFA lo dejara sin jugar casi dos años y con 11 kilos de más, el Real Madrid le otorgó una segunda oportunidad y no defraudó; 159 goles en 179 partidos. Si tenemos en cuenta las estadísticas para proyectar la esperanza, ¿Qué les deparará a los nicaragüenses una nueva presidencia de Daniel Ortega?


