Domingo, Noviembre 19, 2006

El síndrome del retrovisor

Anteayer murió Ferenc Puskas, el mejor goleador del siglo XX. En el campo y en la vida, Puskas siempre apuntó hacia delante. En Noviembre de 1956, la conocida como “revolución húngara” fue aplastada por los tanques rusos; enterrando los sueños de libertad "magiares". Puskas que por entonces se encontraba jugando con su equipo, el glorioso Honved, una eliminatoria europea en Bilbao, España; decidió no volver a Budapest porque se negaba a anclarse en el pasado.

Hace unos días, Nicaragua eligió nuevo presidente y el ganador fue: Daniel Ortega. El mismo que ya había pasado, toda la década de los 80, presidiendo el país, con más pena que gloria. Nicaragua, como otros países de América Latina también padece el síndrome del retrovisor, buscando en el recuerdo de la mediocridad. Hace unos meses, lo revivió Perú. Antes ya lo hicieron Venezuela, dos veces, y Bolivia también. Antaño fue Argentina, la Republica Dominicana y otras más. Ya sabemos las consecuencias: hartazgo y vuelta a los mesías. Ahora, estos sujetos son “bolivarianos”, “indigenistas” “castristas”, antes eran simplemente dictadores. Pero no importa quien vaya al mando, el destino de América Latina, de tanto mirar hacia atrás, sigue instalado en el furgón de cola, en el vagón del desaliento.

Ferenc Puskas marcó 357 goles en 354 partidos con el Honved. Con la selección húngara jugó 85 encuentros, goleando en 84 ocasiones. Después de que la FIFA lo dejara sin jugar casi dos años y con 11 kilos de más, el Real Madrid le otorgó una segunda oportunidad y no defraudó; 159 goles en 179 partidos. Si tenemos en cuenta las estadísticas para proyectar la esperanza, ¿Qué les deparará a los nicaragüenses una nueva presidencia de Daniel Ortega?

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Lunes, Noviembre 13, 2006

El Conductor

Hace apenas 51 años, una costurera negra, llamada Rosa Parks se hizo famosa por no querer ceder su asiento en el autobús a otro pasajero, blanco. El conductor de dicho autobús James F. Blake, la denunció a la policía por no acceder a su petición de irse a la parte trasera del autobús, lugar reservado, entonces, para la gente conocida como “afro-americana”.

Estados Unidos, como la mayoría de los países, hoy en día, está dividido en dos grandes corrientes políticas. Una de ellas representa el atrevimiento, la otra se basa en el temor. Tomemos como ejemplo los dos ultimos presidentes. Mientras que el Sr. Clinton firmó el NAFTA (tratado de Libre Comercio entre EEUU, Canada y México), el Sr. Bush no ha parado hasta conseguir la aprobación para construir una inmensa reja que decorará la frontera con México. Mientras que el Sr. Clinton aprobaba la ley conocida como “no digas, no preguntes” que terminó con la discriminación de los homosexuales en el ejército, el Sr. Bush batalla encarnizadamente para que no se aprueben los matrimonios del mismo sexo. Mientras que Clinton invitaba al famoso rancho de Camp David, al difunto Yasser Arafat junto con el primer ministro israelí Ehud Barak para hablar de paz, el Sr. Bush se fue a jugar a la guerra en Irak.

James F. Blake siguió haciendo la misma ruta durante 19 años. Afortunadamente para todos, el conductor actual no tendrá la misma suerte. Para confirmarlo, los electores estadounidenses, la semana pasada, le empezaron a señalar la puerta de salida. Y es que como Rosa Parks, sus descendientes han vuelto a elegir la libertad para anunciar: “Proxima parada … ESPERANZA”.

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Martes, Noviembre 07, 2006

Mi vecindario

 

Vivo en una maravillosa isla francesa, ubicada en el Océano Indico que se llama Reunión. El pueblo donde resido está en una pronunciada ladera; es como si la montaña hubiese estado apurada por dejar el mar, cuando el volcán decidió abandonar el fondo marino.

La casa donde vivo queda ubicada, más o menos en la mitad de una larga calle que es, obviamente, eternamente empinada y pesada, cuando se trata de subirla. Sin embargo, esa misma cuesta se vuelve maravillosa cada día, cuando me permite asomar, todas las mañanas, la cabeza al mar y disfrutar, asimismo, de sus enrojecedores atardeceres. Subiendo desde casa, algunas manzanas, encontraremos un pequeño templo hindú, lleno de colorido, como todos ellos. El templo lo preside, radiante y omnipresente, Shiva; diosa de los dioses hindúes.Bajando de casa, hacia el mar, doblando a la izquierda, en la primera esquina y después de dos manzanas, hay un precioso templo chino, que mi ignorancia hizo, cuando lo vi la primera vez, que lo confundiese con un restaurante muy grande, causando la carcajada colectiva de quien me acompañaba, que resultó proporcional a mi vergüenza. Desde ahí, simplemente apuntando la visión hacia el mar, descubriremos, la majestuosa torre central que junto a las dos cúpulas, conforman una preciosa mezquita. De ella, parten diariamente dos llamadas a la oración, una alrededor de la 1 y otra alrededor de las 5, llenando el pueblo de eco, con su reclamo.

En mis continuos paseos por estas calles, me cruzo con diferentes lugareños y nos saludamos, casi mecánicamente. Cosas de pueblos pequeños y rutinas diarias; después de un tiempo, nos vemos familiares los unos a los otros. El resultado es maravilloso porque al final, todos; los criollos, los “malbares” de origen Indio, los malgaches de Madagascar, los “zarabes” musulmanes en general, los chinos y los “zoreilles” franceses europeos, además de algún extranjero, como yo, convivimos perfectamente en esta mágica isla de 207 kilómetros de circunferencia.

Es por todo esto que el otro día, sentado sobre la arena, disfrutando del maravilloso Océano Indico, bajo un cielo esplendido y totalmente despejado, recordé aquello de la guerra de las civilizaciones, y pensé ¿Cómo le podría explicar semejante disparate a cualquiera de mis vecinos? Decidí, entonces, que en vez de intentarlo, aprendería más de ellos, para tratar, en el futuro, de no volver a equivocarme de restaurante.

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Miércoles, Noviembre 01, 2006

El concursante

Aproximadamente 50 años atrás, había un concurso para eruditos, muy de moda en la TV estadounidense, llamado “Twenty one”. Por haberlo ganado, Charles van Doren, se convirtió de la noche a la mañana en un personaje no solo muy popular, si no también en una persona absolutamente admirada. Era el típico ejemplo norteamericano: blanco anglosajón, protestante, de familia acomodada y con la guinda adicional, de poseer una educación refinada. Pero, un día, se descubrió que todo aquello era una soberana farsa y que los directivos de dicho programa habían amañado el concurso con más televidentes del momento. Ante semejante desenlace, el sr. Van Doren solo pudo exclamar: “estoy avergonzado”.

La semana pasada se cumplió un año de la muerte de dos adolescentes en Paris cuando huían de la policía. Aquellas muertes desataron una hemorragia de protestas en toda Francia que se caracterizaron por la quema de coches, mayormente, durante las noches. El Ministro del Interior, el sr. Sarkozy achacó aquella revuelta popular a los inmigrantes. Después de interminables jornadas, las llamas se fueron amainando hasta extinguirse, sin que el sr. Sarkozy hubiese explicado como se había llegado a aquello, ni lo mas importante, como preveía evitarlo en el futuro.

Coincidiendo con el aniversario de tan infaustos sucesos, Francia vive, de nuevo, bajo la zozobra por unos asaltantes de autobuses que, después de obligar a los pasajeros a bajarse, los incendian. El fin de semana pasado registró la primera victima; una chica de 26 años fue achicharrada por las llamas. Como dato curioso, la victima es de origen senegalés. Menciono esto porque cuesta creer que los emigrantes pirómanos quemen un “hermano”.

Desde el año pasado, el sr. Zarkozy, está en campaña electoral para ser el candidato de su partido en las próximas elecciones presidenciales del 2007. En su peregrinar hacia el Eliseo, insiste en su elección para cambiar leyes y promete medidas que corrijan el desatino actual, de la sociedad francesa. Después de pasar prácticamente toda la legislatura como Ministro del Interior, salvo un año como Ministro de Finanzas, y viendo los resultados, la gestión del sr. Sarkozy ha resultado ser una absoluta demostración de incapacidad. Sin embargo y, a pesar de unos acontecimientos tan demoledores, este político francés, hijo de un inmigrante húngaro, a diferencia del sr. Van Doren, se ve que no tiene, ni siquiera, el pudor de ponerse colorado.

Posted by Luis at 16:39:46 | Permanent Link | Comments (0) |