El partido por la PAZ

El miércoles 27 de este mes, se celebró en el estadio fútbol de la Cartuja de Sevilla, un partido de fútbol entre la Selección Andaluza y un combinado Palestino-Israelí, denominado La Paz. El evento contó, entre otros, con tres de ministros palestinos, como muestra del apoyo expreso del presidente Mahmud Abbás al encuentro. También estuvo presente y realizó el saque de honor, el viceprimer ministro israelí, Simon Peres. No faltaron los miembros de la organización no gubernamental palestina Al-Quds for Democracy and Dialogue, o la cantante israelí Noa. Todos ellos compartieron palco, sentados unos al lado de los otros, sonrientes y orgullosos; estaban allí simplemente, por una de las razones más hermosas: por la PAZ.
En Octubre de 1988 tuve el privilegio de conocer, la construcción que más me ha impresionado en mi vida; la Mezquita de Córdoba. Esa joya de la humanidad empezó a construirse el año 784 y hasta 1236 sirvió como lugar de oración para los musulmanes. Fue entonces cuando, al ser reconquistada Córdoba por Fernando III, fue consagrada al catolicismo, como iglesia primero y catedral posteriormente. La razón por la cual me encantó la Mezquita, fue simplemente porque había logrado conjugar dos culturas tan dispares, lo musulmán con lo católico, con una sutileza tal que difícilmente podría convivir en otro espacio. Me pareció entonces, el lugar ideal para ver, sentir, tocar el ingrediente más importante de nuestra sociedad actual: la tolerancia. El mismo día que se jugó el partido, el obispo de Córdoba, mediante un desgraciado comunicado, rechazó la posibilidad de que los musulmanes puedan orar libremente delante del mihrab de la mezquita. Semejante destino no me sorprendió porque causalmente en Córdoba hay una pequeña pero preciosa judería. Las juderías nacieron a raíz de que el papa Pablo IV, crease la primera en Roma y era donde obligaban a vivir a los judíos. Generalmente eran unos barrios vallados o amurallados, con unos portalones que cerraban al anochecer para impedir el libre tránsito a los judíos: una versión precursora del toque de queda.
Hubo una época en que la presencia de la iglesia católica era casi indispensable en una mesa de negociaciones sobre cualquier conflicto de relevancia. En el palco del estadio de la Cartuja de Sevilla, el pasado día 27, no se encontraba el obispo de Córdoba ni alguno de sus colegas, lo cual me produjo una magnífica sensación de alivio porque, a pesar de que todavía harán falta numerosos partidos antes de solucionar el conflicto Palestino-Israel, siempre es bueno saber que la intolerancia no fue invitada al encuentro. ¡Gracias a dios!





